El Universo en el Tarot de Thoth: historia y símbolos
El Mundo del tarot tradicional se convirtió en El Universo en la baraja de Thoth. Te contamos por qué cambió de nombre y qué esconden sus símbolos, de Saturno a la tabla periódica.
Del Mundo al Universo: por qué cambió de nombre
La última carta de los arcanos mayores cierra el viaje del tarot. En la mayoría de las barajas la conoces como El Mundo, pero cuando Aleister Crowley y la pintora Frieda Harris crearon la baraja de Thoth decidieron rebautizarla como El Universo. No fue un capricho: ese cambio de nombre encierra toda una manera de entender la existencia.
La carta tradicional se llamaba El Mundo y ponía a la Tierra en el centro de todo, tal como imaginaban las cosmologías antiguas. Al renombrarla como El Universo, la baraja de Thoth propone una mirada más amplia, casi científica: ya no se trata solo de nuestro planeta, sino de la totalidad del cosmos. Es un guiño que resulta a la vez muy antiguo y sorprendentemente moderno.
La Orden Hermética de la Aurora Dorada, de la que Crowley bebió, asociaba esta carta al planeta Saturno. En el Árbol de la Vida de la cábala, Saturno se relaciona con Binah, la Gran Madre. Como era el planeta más lejano que se podía ver a simple vista, lo llamaban «el anillo que no se traspasa»: representaba el límite de lo conocido, la frontera exterior de la existencia humana.
Los símbolos de la carta y lo que se les atribuye
La corona ovalada que enmarca la escena suele interpretarse como el plano de la eclíptica, ese camino por el que parecen desplazarse los planetas y que dibuja también la rueda del año. En el centro, una figura danza dentro de los límites de la materia, como si estuviera dándose a luz a sí misma desde un vientre cósmico.
A esa figura central se le atribuyen muchos nombres a la vez: Isis, Sophia, Shekinah, Gaia o el Anima Mundi, el Alma del Mundo que reconcilia todos los opuestos. El estudioso A. E. Waite la relacionó con lo que un alquimista describió como «la Naturaleza personificada y redimida». Es, en esencia, una imagen de la creación entera contenida en una sola carta.
Uno de los detalles más curiosos aparece en la parte inferior: una tabla periódica de los elementos de principios del siglo XX, ordenados por su peso atómico. Esa referencia, identificada por el estudioso Lon Milo DuQuette, es la que da a la carta su aire científico. Puedes leerla como una idea poética: el universo que nace arriba, en la danza cósmica, cristaliza abajo en la materia concreta de la que estamos hechos.
Ecos de los mitos de la creación
Muchos lectores del tarot ven en El Universo el reflejo de los antiguos mitos de la creación. El más arcaico de los griegos, el mito pelasgo que recogió el escritor Robert Graves, cuenta cómo la diosa Eurínome se levantó desnuda del Caos y, al no encontrar dónde apoyarse, empezó a bailar sobre las olas del cielo. De ese baile surgió el viento, y del viento la serpiente Ofión, que se enroscó a su alrededor. Del huevo cósmico que ambos engendraron nacieron todas las cosas.
En el mito, la diosa danza sobre el vacío y de su movimiento nace el mundo. En la carta, una figura danza dentro de la corona del cosmos. La coincidencia invita a pensar en esos símbolos compartidos que reaparecen a lo largo de la historia.
El paralelismo es llamativo: la doncella danzante, la serpiente enroscada, las estrellas y los elementos, los cuatro vientos. No hay pruebas de que Crowley se inspirara directamente en este mito, y conviene tomarlo como una lectura simbólica más que como un dato histórico. Para quienes siguen la teoría de los arquetipos de Carl Jung, esta clase de coincidencias sugiere imágenes profundas y compartidas del inconsciente colectivo.
Qué se suele leer en El Universo
Más allá de su rica iconografía, El Universo se interpreta como la carta de la plenitud y la culminación. Cierra el recorrido de los arcanos mayores, así que se asocia a los ciclos que se completan, a las metas alcanzadas y a la sensación de estar, por fin, en armonía con el todo. Si aparece en una tirada, muchos tarotistas la leen como una señal de integración: algo que llega a su forma final y te devuelve una imagen entera de ti mismo.
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